sincretismo de aquella fachada complementaba esa tarde lluviosa por la cual Mérida ese mes pasaba, ese sonido con agentes pocos frecuentes en el aire creaban la atmosfera perfecta para la historia del recuerdo de Satén FermÃn, un hombre con una gran sencillez en su corazón y un pensamiento adelantado para su época, con sus 37 años se poso en una escalera de una casa de fachada muy antigua y suficientes ventanas como para no abrir las puertas, este señor peinaba su larga barba hacia abajo divisando a lo lejos un puesto de comida “súper rápida” en una esquina que el frecuentaba, observaba el mas minúsculo movimiento para segundos después comenzar a exhalar palabras de su mente, martillando asà un monologo inigualable dentro de su “locura” y percepción “incorrecta” de la sociedad. (Suciedad) −Mayonesa… A mà me dirán loco, ¡pero esa cosa debe hacer mucho daño!, − −No entiendo el problema de esta gente, Amigo, yo le cuento que en mi casa yo tenÃa de todo eso, me acuerdo yo que habÃa de todo, esa nevera nunca estuvo como la Plaza BolÃvar (Luz, agua y monte) pero a mÃ, ¡eso no me sirvió de nada!, mucho dinero, muchas cosas, mucho conocimiento, pero yo ahà solo, con mi vida vacÃa, llena de problemas que solo podÃa resolver una cabeza, con un closet lleno de zapatos, ropa y demás, pero corroyéndome por dentro poco a poco.− −Eso pasa, y el tiempo lo cura, pero yo no tuve ayuda alguna que me lo dijera. ¡Yo corrÃ! − −Pero me fui feo de boca, lo que hice fue huir a un mundo asà como diferente, donde viera a la gente y por lo menos una sonrisa lograra sacar. − −Porque eso sÃ, yo era más amargo que concha e´ limón, hasta que aprendà que con sencillez se vive más bonito, y aunque la gente le tenga asco a uno y coma su mayonesa para ver y saborear todo mejor aunque se estén haciendo daño, yo se que mi vida tiene un lado con colorcito, y quizás no sea un color naranja bonito, quizás sea asà un color muy pálido y pastel, como la fachada de esta casa, algo llevada por las lluvias, pero que todavÃa tiene vida. − −Por eso le digo, ¡La mayonesa hace daño! − −En la vida uno siempre busca sustituir lo sentimental con lo material, pero ¿De qué me sirve a mà un buen sabor sà me estoy matando? − Mayonesa, mayonesa… |
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Llama a mi puerta cuando las barreras sean derribadas con el fuego consumidor de la sangre derramada por muchos!
Fue aquel dÃa en el que las flechas taparon la vista del cielo con sus relampagueantes sonidos y fugaces recuerdos clavados en el pecho de un guerrero. Aquel hombre desgarro su voz intentando dar su último suspiro confiscando una palabra entre sus dientes llenos de rabia y fervor irónico hacia su impredecible y único futuro, su victoria no fue aclamada, mas sus recuerdos fueron plasmados por muchos en sus imaginaciones épicas desgastadas por los mil y un tantos pensamientos estrellados contra el asfalto.
Era en esos tiempos donde la valentÃa recogÃa más de la mitad de aquellas poblaciones lejanas que decidÃan batallar en futuras tierras santas, donde la arena era manchada con miles de millones de partÃculas de sangre por cada ser. Una sola inspiración, un solo motivo y hasta quizás un conjunto de voces graves acompañadas del sonido agudo de espadas chocando contra escudos y el extravagante sonido de un filo traspasando la piel humana y dándole cabida al olor a sudor y sangre que este ambiente propiciaba. Las murallas existÃan y eran derrumbadas, las batallas comenzaban y eran terminadas.
El sentido estratégico enigmático conllevaba a liderazgos sin razón de gente que existÃa en el mundo por una razón, un motivo o un propósito, guiar a miles hacia ninguna parte corriendo el riesgo de morir, pero sintiendo los bajos fondos, donde las luchas eran más espirituales y menos concretas y visuales, donde la humanidad civilizada dejaba de existir.
“¡luchar!
Luchar por la vida, por la creencias, el poderÃo y la protección de nuestra gente buscando un destino que solo Dios nos ha dado!”
DecÃa aquel hombre que nos guiaba a un cuarto oscuro lleno de ceguera temporal en el que solo matarÃamos por sobrevivir, donde un escudo significaba la ayuda de Dios, donde una espada era la ofensiva y punzante arma con la cual cortarÃamos miles de cabezas, y nuestra armadura era toda aquella pesada responsabilidad que recaÃa sobre nosotros al luchar con este motivo.
Cada paso se escuchaba como una ola en el mar, cada golpe era sangre, no existieron lágrimas, solamente dolor y orgullo.
¡No alcance a ver las flechas sobre el hombro de mi señor, alcance a ver la silueta de una gran espada pasando por mi cuello, alcance el cielo con un motivo, muriendo, batallando por una sola razón.
Dignidad.
El dolor sobrepaso los limites, la fragancia del sacrificio subió del suelo lleno de cuerpos escudos y espadas al cielo al cielo lleno de flechas y nubes, donde los ecos de los gritos frecuentaban, donde la luz del sol solo observaba.